Inmensidad.

03/23/2016

 

INMENSIDAD

 

Años atrás vivimos en el P. N. Perito Moreno, Santa Cruz. El pueblo más cercano, Gobernador Gregores, se encontraba a 200 km de casa. Por entonces era un pueblo tranquilo, rodeado de álamos altísimos y su estepa dorada. Íbamos muy poco al pueblo: dos o tres veces en el año (en invierno se cortaban los caminos por meses).

Recuerdo el momento en que se comenzaban a ver las casas desde lejos, contenidas por esa Inmensidad del paisaje patagónico.

A medida que nos acercábamos al pueblo sentía que me sumergía en un mundo diferente: casas, autos y mentes.

Por unas horas le pertenecía.

Y recuerdo claramente la sensación al irme a casa.

Me gustaba “salir” del pueblo porque sentía que me alejaba de todo aquello que me vinculaba con lo que se considera la sociedad del pueblo :  sus problemas, objetivos, sensaciones, intereses. Alejarme de ese ruido mental que emana el gentío y sus energías vagando por el aire.

La sensación de pertenecerle sólo por el tiempo en que duraba nuestra estadía. Ver alejarse al pueblo por el espejo retrovisor de la camioneta me daba cierta paz que comprendo mejor hoy. La sensación de salir de esa cápsula y volver a lo neutral y puro.

Y ahora comprendo que esa sensación siempre anidó en mí. Y es la misma que tengo cuando llego a un pueblo desconocido: uno no le pertenece, no está cargado de conceptos del lugar ; por eso puede verlo neutralmente y observar y sentir energías que la gente del pueblo pasan por alto por tener la mirada opacada por esos mismos conceptos.

Vivimos en muchos lugares “aislados”, en mucha inmensidad: Laguna Blanca, Iguazú, el majestuoso Río Grande. Hoy Trevelin y sus alrededores. Siempre agradecida por eso.

También sé que al principio puede asustarte: tanto paisaje sin humanos, sin mentes uno se siente “desprotegido” ¿No hay más mentes que me acompañen?

Hoy me doy cuenta que esa Inmensidad me recuerda a la Inmensidad del Ser. Ver y sentir esa Inmensidad me ayuda a verme y sentirme Inmensa yo. Que las mentes y sus juegos son un punto tan insignificante en la Inmensidad del Ser como lo era Gregores en el paisaje patagónico.

Por eso la ciudad me cansa, no puedo vivir en ella. Muchos objetos, velocidad, movimientos desincronizados, mucho ruido, muchos estímulos, muchas mentes, muchas mentes, muchas mentes. Se comen mi energía.

Conozco gente muy bella que vive en las ciudades. Creo que ellos sienten su propia Inmensidad en otras vivencias.

Ésta es la mía.

SER el paisaje. SER la Inmensidad.

Tu verdad y la mía nos hace libres.

Please reload

Recientes Posts

12/23/2018

Please reload